En Ciudad Juárez habitan alrededor de 18 mil personas de origen indígena, pero representantes de esas culturas y autoridades creen que el número es mayor
Eusebio, Leticia y Benigno ya no se esconden para hablar su lengua materna, vestir su ropa tradicional o promover las costumbres de sus pueblos originarios; aunque ahora se sienten orgullosos, al llegar a esta frontera tuvieron que ocultar su herencia cultural ante la discriminación que sufrieron.
Este fenómeno de agresión mantiene a una gran parte de quienes salieron de sus comunidades, donde prevalece una cultura indígena, escondiendo sus raíces en sitios como Ciudad Juárez ante el temor de que se burlen de ellos o por recomendación de terceros para, les dicen, evitarse problemas.
Eusebio Toribio Ángel da a conocer que es chinanteco, originario de San Felipe Usila, estado de Oaxaca, y que busca que su cultura siga vigente porque es algo importante para los pueblos originarios: que la cultura no se pierda, y es por eso habla su lengua natal, que representa una gran fuerza de lo que es México con su riqueza cultural.
Dice que en esta frontera hay personas provenientes de 12 etnias, pero hay muchas que no identifican su origen porque pasan situaciones de conflicto, como ocurrió con los chinantecos.
“Nosotros estuvimos por un buen tiempo escondidos, no queríamos descubrirnos, que hablamos de un dialecto, entonces quisimos a hablar más español que el chinanteco, tuvimos escondidos hasta hace unos cinco años o un poquito más, cuando empezamos a salir y a formar grupos para que podamos hacer algo aquí en la ciudad y que la ciudad sepa que aquí estamos nosotros”, expresa.
Informa que en el 2020 se tenía un estimado de 18 mil personas que habitan aquí provienen de comunidades indígenas, pero esa cifra podría ser mayor.
Al principio, recuerda, cuando llegó con su familia hablaban su lengua materna, pero muchas personas los rechazaban o se burlaban de ellos.
“Sucedió una vez, mi esposa y yo fuimos a arreglar una bocina y resulta que el técnico se molestó porque hablamos en chinanteco y nos reclamó diciendo que no, que no debemos de hablar así si sabemos hablar español… entonces de a poquito nos fuimos alejando un poco (de sus costumbres), pero ahora hay un gran despertar en los jóvenes y ya están promocionando que salgamos, que no estemos escondidos”, cuenta.
Ahora está convencido de que debe mostrar su cultura sin miedo a las burlan, críticas o discriminación, pues deben dejar a un lado esas actitudes negativas para salir adelante porque hablar una lengua es señal de riqueza cultural.
Los esposos Leticia Nava de Jesús y Benigno Segundo Ruiz, ambos de la comunidad mazahua, enfrentaron la misma problemática.
“A lo mejor por el miedo o por la vergüenza de no hablar o no saber expresarse uno, cómo pedir las cosas, se nos dificultaba, pero ahora gracias a Dios puedo hacerlo y he descubierto que soy capaz de hacer muchas cosas y que no debemos de tener miedo, porque al final de cuenta todos somos iguales antes los ojos de Dios”, explica Leticia.
Algunas personas de origen indígena se ponen barreras, eso ya es una actitud independiente de cada persona, pero sí es difícil comenzar en un lugar de nuevo y donde se habla otro idioma y se tienen costumbres diferentes.
Sin embargo, agrega, ahora ya está descubriendo sus derechos y oportunidades, lo que ha hecho más fácil su desarrollo en la ciudad.
“Para nosotros es un reto, pero como dicen los muchachos, sin miedo al éxito”, remata.
Fernando Motta Allen, director de la Comisión Estatal de Pueblos Indígenas (Coepi), coincide con la percepción de que los nativos de pueblos originales que están en la frontera son aproximadamente el doble de los que captó el Inegi.
Dice que personal a su cargo realiza un censo para establecer la verdadera dimensión de la presencia de pueblos indígenas en Ciudad Juárez para proveerles apoyos que los ayuden a remontar las problemáticas que enfrentan.
También, se busca promover sus valores y que la gente se sensibilice hacia la situación tan complicada que enfrentan por el rechazo hacia sus costumbres y conceptos importantes que ellos protegen.
“Tenemos nosotros conocimiento de que hay 25 diferentes etnias aquí, pero el problema es que cuando los invitamos a que se acerquen, por sus experiencias, pues claro que no te van a decir la verdad totalmente, por supuesto que tienen resistencia”, explica.
Motta Allen señala que, además, siguen llegando indígenas a esta frontera debido a múltiples circunstancias.
“Las condiciones de vida en sus lugares de origen no son las mismas que aquí encuentran, como la posibilidad de entrar a estudiar, cosas que no tienen allá”, menciona.
Agrega que, aunque ya desarrollen sus vidas aquí, tampoco se desligan de sus lugares de origen la grado de que cuando fallecen sus cuerpos deben ser trasladados a sus comunidades, ya que desean ser enterrados en la tierra donde nacieron.
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