Por Luis Carlos Ortega |
En el lapso de una semana, el estado de Texas reporta constante actividad sísmica con temblores que, sin embargo, han sido imperceptibles en su mayoría.
Desde el temblor de magnitud 5.4 registrado el pasado 16 de diciembre, el estado del país vecino reporta otros 40 temblores de magnitudes más reducidas.
De acuerdo al reporte de la página Volcano Discovery, seis de esos temblores han sido de magnitud mayor a 3.0 grados Richter; otros 18 sismos han registrado magnitud mayor a 2.0 grados, y 16 temblores menores a 2.0 grados que normalmente son imperceptibles para la gente.
En contraparte, la misma página señala que estos movimientos sísmicos no han arrojado registro alguno en Ciudad Juárez, excepto uno no confirmado de magnitud mínima.

La página menciona reporte de un sismo ocurrido 19 kilómetros al sur de El Paso, alrededor de las 11:37 de la noche del miércoles. Esto es, en la zona sur de Ciudad Juárez.
Se trata de un reporte no confirmado, de magnitud y profundidad no cuantificadas, que solo cuenta con una mención de haber sido sentido.
En relación al último incidente en tierras texanas, la página indica que corresponde a un temblor de magnitud 1.0 registrado la noche del pasado miércoles.
Dicho movimiento, imperceptible para el común de la gente, tuvo como epicentro un punto ubicado a 8 kilómetros al sur de Waynoka, Oklahoma.
Reportes periodísticos indican que desde que el fracking se extendió en los estados de Colorado y Nuevo México, los sismos se han vuelto más comunes.
Como responsable de tales efectos telúricos, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala las técnicas de fracturación hidráulica para extraer gas o petróleo.
Mediante este sistema, la roca de esquisto que contiene el hidrocarburo, se perfora y se le inyecta agua con aditivos químicos a alta presión. Esto provoca la liberación del gas metano que es extraído mediante bombeo.
Pero de acuerdo a los investigadores, en algunos de los pozos de inyección los fluidos se abren camino hasta las fallas tectónicas de la zona; según expertos del USGS, los fluidos lubrican la base de esas fallas, haciendo que resbalen y provoquen reacomodos que se traducen en temblores.
De acuerdo a la USGS, no bastaría detener la práctica de fracking y la inyección de fluidos para frenar la incidencia sísmica en territorio norteamericano.
Expertos de la dependencia señalan que podría tomar hasta un año para que las placas tectónicas terminen por asentarse y el área deje de temblar.