Por Luis Carlos Ortega |
Se conoce como Efecto Lucifer. Es un término acuñado por el psicólogo canadiense Philip Zimbardo, luego de los resultados obtenidos en el experimento conocido como “La Cárcel de Stafford”.
En pocas palabras, un concepto usado en psicología para determinar de qué manera una persona normal y sin problemas, puede terminar realizando actos de maldad.
Y un concepto que, en opinión de especialistas, puede estar marcando la pauta de la espiral de crímenes y violencia que priva actualmente en México. Y con influencia especialmente en la población adolescente.
“Puede estar presente en México, pero no como un solo factor sino con varios factores combinados, como sucede, por ejemplo, con la llamada narcocultura. Mucha gente escucha las canciones, viste la ropa, usa los accesorios, pero es muy probable que la gran mayoría no termine realizando actividades criminales”.
Así lo expresa el doctor en Psicología y académico de la UACJ, Óscar Esparza del Villar, especialista en temas relacionados con la violencia.
Para el investigador, no basta la exposición a la violencia para generar un condicionamiento hacia ella, pero sí cuando se asocian otros factores alternos.
Un ambiente de pobreza y desintegración familiar asociado a un entorno de violencia recurrente pueden, en su opinión, representar un patrón a seguir.
“Si ya hay una idea clara de lo que representa por ejemplo ser un narco, sí puede influir; puede ser factor en la expectativa de lo que significa ser parte de ese grupo. Pero es una mezcla de varios factores como la pobreza extrema, el ambiente en el que nos encontramos y hasta una naturaleza psicópata”, señala.
Destaca que, aunque son pocos los casos, suele suceder que una persona con tendencias psicópatas encuentre en el ámbito criminal un factor de gran atracción.
“Hay gente que en su naturaleza está crear conflictos, y encuentran en la delincuencia un lugar propicio donde dar rienda suelta a sus impulsos”, dice.
Una diferenciación clara entre lo que sería adaptarse a un entorno violento y asimilarse a él, es si se trata de algo voluntario o involuntario.
En el libro “Criminología Contemporánea: Introducción a sus fundamentos teóricos”, Gerardo Saúl Palacios Pámanes, muestra muy claramente esta diferenciación.
En él destaca que la “adaptación” al medio es una cualidad del ser humano y una acción atribuible a la persona. El efecto Lucifer “es la adaptación de la persona por el medio, diferente al primer caso en el que el sujeto se adapta al entorno.
Es decir, el “Efecto Lucifer” se produce cuando el entorno es el que adapta al sujeto en un sentido de obligación y hasta de supervivencia.
“En el caso 1 el sujeto se adapta a sí mismo para encajar en el ambiente, en el caso 2, el ambiente adapta al individuo. En el caso 1 el individuo es activo: él mismo decide los cambios en su comportamiento y los emprende. En el caso 2, el individuo pierde parte de su autogobierno y capacidad de discernimiento. Casi sin percatarse se deja llevar por las circunstancias”, expone el texto.
Para el doctor Esparza, un entorno que desgraciadamente tiende a favorecer esta clase de influencias es el ambiente carcelario que priva en México. Lejos de ser centros de readaptación, actualmente en México representan centros de reclutamiento más efectivos que la calle.
Siendo además un entorno donde el efecto Lucifer se hace más patente que en el exterior.
“Para los grupos delictivos no es fácil reclutar gente en la calle; la gente no va a querer o van a tener miedo, aunque algunos canten los corridos o vistan la ropa, ya entrarle es difícil. Donde pueden reclutar gente de manera más sencilla es en las cárceles porque la gente está ahí por algún tipo de delito; así es más probable que se animen más a entrar a este tipo de actividad”, manifestó.